
La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad.
Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.
El dinero es como el estiércol: no es bueno a no ser que se esparza.
Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.
No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente.
Vieja madera para arder, viejo vino para beber, viejos amigos en quien confiar, y viejos autores para leer.
En materia de gobierno todo cambio es sospechoso, aunque sea para mejorar.
El requisito del éxito es la prontitud en las decisiones.
La verdad es hija del tiempo, no de la autoridad.
La soberanía del hombre está oculta en la dimensión de sus conocimientos.
La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil, y el escribir, preciso.
El que no aplique nuevos remedios debe esperar nuevos males, porque el tiempo es el máximo innovador.
La envidia es el gusano roedor del mérito y de la gloria.
La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena.
La perfección de la propia conducta estriba en mantener cada cual su dignidad sin perjudicar la libertad ajena.
Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia.
Los cocodrilos vierten lágrimas cuando devoran a sus víctimas. He ahí su sabiduría.
Lo malo cuando se finge bueno, es pésimo.
La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.
La bajeza más vergonzosa es la adulación.

Sir Francis Bacon(1561-1626)Filosofo y estadista britanico
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